Saturday, July 05, 2008

Radhamés, el centinela de la democracia dominicana

Esto fue el 21 de febrero, el día de su conferencia en Librería Cuesta. Lo comparto con ustedes.
Las chancletas de Radhamés
Vianco Martinez
Hoy jueves, a las cinco de la tarde, el periodista Radhamés Gómez Pepín, director del periódico El Nacional, va a hablar sobre su vida periodística, en un encuentro en la librería Cuesta, organizado por Verónica Sención.
Radhamés ya tiene cincuenta y dos años ejerciendo el periodismo. Como reportero, como columnista, como director.
Para él, siempre ha valido más un periodista que un general, y si hoy es apreciado por muchos de los colegas del medio, especialmente por aquellos que han tenido el privilegio de trabajar bajo su conducción, es porque nunca abandonó a sus reporteros en la hora de la verdad –aquella hora crucial que coloca a un periodista frente a su destino- y nunca se prestó a entregar la cabeza de un periodista a los poderes que lo asediaron.
Con Radhamés Gómez Pepín el periodismo siempre ha andado de pie, nunca de rodillas, y las miserias que en ocasiones han rondado el ejercicio, han quedado al otro lado de su puerta.
Yo creo que cuando se va a pensar en un periodista de batalla, que ha hecho de su ejercicio una consagración de lo imposible y que en la ordenación lógica de las cosas, siempre se ha mantenido en su lugar, hay que pensar, necesariamente, en Radhamés.
A mí lo que más me gusta de él, además de la especial manera en que ha ejercido el periodismo y en que ha acompañado a sus periodistas en las batallas más decisivas de su ejercicio, son sus chancletas, las mismas con las que ha ido al Palacio Nacional a reunirse con los presidentes y con las que ha recibido en su despacho a los más encumbrados ministros de la vanidad.
Esa ha sido su arma contra la hipocresía, y ese el instrumento con que ha dicho que el periodista, para trascender, no necesita otra que cosa que su conciencia y su escritura, que muchas veces suele ser lo mismo.
Hoy quiero ir a la librería Cuesta para escuchar de nuevo la danza de sus chancletas. Y escuchar sus razones, dichas con ese acento orgullosamente cibaeño que nunca lo abandona, y oírlo reñir contra los tiempos que corren, y mirarlo sentado como un patriarca ante la historia haciéndole guiños a la eternidad. Como en la redacción!

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